El futuro de la movilidad será más verde, con la electrificación como eje estructural, pero su avance será desigual a nivel nacional: mientras en la Ciudad de México se observan mayores avances en infraestructura y regulación, en el resto del país persisten brechas importantes. La transición se da hacia ecosistemas integrados que reducen la huella ambiental sin cambiar radicalmente hábitos, aunque la desigualdad territorial sigue siendo el principal reto. En este contexto, crece la demanda de soluciones sostenibles para primeros y últimos kilómetros, donde bicicletas —propias y compartidas— ganan relevancia como complemento funcional en zonas urbanas, aunque con impacto aún limitado frente al transporte masivo y con dinámicas distintas entre grandes ciudades y localidades más pequeñas.